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Rodolfo, el venado

 

Transcurrieron un par de horas de ese maravilloso viaje y Rodolfo estaba cerca del bosque de polipesis. Sabía que era tiempo de regresar con su manada, pero el día estaba tan bonito que quiso husmear un poco más para encontrar su golosina favorita: las hojas blancas del arrayán.  Alzó su mirada y observó el ansiado árbol cerca de una quebrada. Ávido, corrió lo más rápido que pudo pero de repente sintió pasos detrás de él. El pequeño no quería ni regresar a ver, sabía que algo peligroso se acercaba. Apenas volteó, se vio rodeado de una jauría de lobos que lo examinaban con una mirada desafiante. Empezó a golpear sus patas delanteras contra el piso, esperando a que uno de sus amigos lo escuchara, pero ya era muy tarde. No había escapatoria; tenía a sus espaldas la quebrada y por delante la jauría de furiosos animales.  De repente, cayó un grueso poncho sobre su cuerpo y todo se tornó del oscuro más profundo. 

Aún mareado y después de unas cuantas horas, abrió sus ojos y se encontró en el corral de una hacienda. Ya no podía emprender una veloz escapatoria, como lo había hecho antes.  Ahora podía ver de cerca las vacas que antes le resultaban tan lejanas. En el lugar había caballos, gallinas e incluso toros. El ambiente era muy diferente al que estaba acostumbrado. Sintió una palmada fuerte en su espalda que le hizo poner  los pelos de punta. Volteó su mirada y pudo ver a tres hombres detrás de él. Uno de ellos empezó a acariciar sus cuernos, evocando una sonrisa cínica y malévola. Rodolfo sintió un miedo enorme. El sabía cuál podría ser su destino: que tomasen sus cuernos como un trofeo de caza, algo que ya había ocurrido con muchos de sus amigos y familiares.

Por suerte, ese no fue su destino. El animal pudo ser localizado por la Unidad de Protección Ambiental de la Policía Nacional después de un par de semanas. Rodolfo fue rescatado y lo llevaron a un sitio seguro en el Zoológico de Guayllabamba. Allí recibió todos los cuidados necesarios, después de haber sufrido del más cruel maltrato por los cazadores. Ahora puede estar con sus amigos en el centro de cuidado animal y transitar sin preocupación en un espacio adecuado. Al ser tan pequeño, es muy difícil que el venado retorne a su hábitat natural, ya que ha recibido un tratamiento especial por su condición y difícilmente podrá adaptarse nuevamente a la vida silvestre.

Fundación Zoológica del Ecuador / Zoológico de Quito

Huertos Familiares S/N, Guayllabamba, Ecuador. Casilla postal. 17-17-349

Tels. (593 2) 236 8898 / 236 8900 | Cels. (593 9) 9804 6563 / 9146 3846 | Email: info@quitozoo.org

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