Tres osas rescatadas construyen una nueva historia en el QuitoZoo

febrero 21, 2026

La caja de transporte de animales de rescate llegó a la clínica y Heidi Cabezas, zoocuidadora, no necesitó que nadie le explicara nada. “Otra vez”, se dijo. Era la tercera cría de oso andino que llegaba en menos de un año al QuitoZoo. La osezna miraba por la ventanita, inmóvil, con esa mezcla de alerta y desamparo que habíamos visto antes. “¿Por qué te sacaron de tu hábitat? ¿Por qué te alejaron de tu madre?”, se lamentó.

Esto ocurrió el 24 de septiembre del 2025; era el tercer caso de una osezna huérfana. La angustia de Heidi era la angustia de todo el equipo del QuitoZoo.

La primera osa fue Sisa, rescatada en agosto de 2024 en Angamarca, Cotopaxi. La encontraron encadenada dentro de una vivienda. En marzo de 2025, la segunda osezna, nombrada como Chuquiragua, fue localizada en Ambuquí, Imbabura. Tenía apenas cinco semanas de vida. En septiembre del mismo año, Puya, la tercera cría, fue hallada en la zona de influencia del Parque Nacional Cayambe-Coca, luego de que se reportara que era perseguida por perros y posteriormente mantenida como mascota en una vivienda. Las tres llegaron con cuadros de desnutrición, estrés y alteraciones propias de la separación temprana de su madre.

Desde hace varios meses, estas tres osas son parte de un proceso de socialización que propone su convivencia bajo cuidado profesional, dentro de un hábitat de 3.400 m2 que se construye en una de las quebradas del Zoológico. Este espacio estaba destinado inicialmente para Sisa, pero con el arribo de las otras crías, el proyecto fue replanteado para que sea un refugio adecuado para el grupo completo. Una posibilidad que se hace posible gracias al respaldo ciudadano y empresarial que apoyó la construcción de este recinto. 

A partir de hoy iremos contando, en detalle, la historia de nuestras tres osas. Bajo el hashtag #TresOsasUnaHistoria, esta serie busca visibilizar lo que hay detrás de cada rescate y poner sobre la mesa la urgencia de proteger los bosques y páramos donde habita el oso andino.

Sisa: el inicio de una historia

La primera vez que escuchamos sobre Sisa, es un momento imposible de olvidar: una cría de oso andino, demasiado pequeña para estar sin su madre y encadenada en una vivienda. La alerta llegó desde Angamarca, y con ella el inicio de una historia que se repetiría.  Luego de su rescate fue  trasladada inicialmente a una clínica veterinaria en Latacunga, donde recibió atención durante aproximadamente tres meses para estabilizar su salud.

Debido a que fue separada de su madre en sus primeras semanas de vida, Sisa no pudo completar procesos fundamentales como la lactancia ni el aprendizaje de comportamientos naturales. Después de un análisis técnico sobre el caso, en una mesa que convocó a especialistas y autoridades ambientales, la decisión fue trasladar a la cría al Zoológico de Quito, donde se diseñó un plan integral para brindarle las mejores condiciones de vida posibles.

El 27 de noviembre de 2024 llegó con cuatro meses de edad, y una talla y peso por debajo a lo esperado para esa etapa de su vida. Desde entonces, su cuidado ha pasado por distintas fases enfocadas en su desarrollo físico, emocional y conductual. “Evaluamos su comportamiento para identificar sus respuestas, preferencias, miedos, niveles de tolerancia y formas de interacción con su entorno y con el equipo de cuidado animal, todo esto a partir de su etapa fisiológica”, explica David Mora, director de Bienestar Animal del Zoológico de Quito. Ese abordaje permitió que el equipo afine su dieta, el espacio, los estímulos y las rutinas, buscando reducir el estrés y acompañar su desarrollo sin forzarla. “El objetivo principal ha sido brindarle un entorno que le permita desarrollarse de manera saludable, expresar conductas típicas de la especie y de su etapa evolutiva”, dice Mora. 

Actualmente, Sisa tiene aproximadamente un año y medio y continúa su proceso de crecimiento. Desde hace algunos meses vive junto a Chuquiragua, en un recinto al aire libre, creado y adecuado específicamente para ellas.

Chuquiragua: un desafío inesperado

Apenas tenía cinco semanas de vida, era muy pequeña. Su mirada expresaba miedo y la debilidad de su cuerpo. Llegó el 19 de marzo de 2025 desde Ambuquí. Funcionarios del Ministerio de Ambiente y Energía la rescataron después de ser alertados de su orfandad y el riesgo que corría expuesta a serios peligros, como ataques de perros. 

Su recuperación implicó jornadas largas de crianza asistida, biberones administrados directamente por el equipo veterinario, monitoreo nutricional, revisiones médicas permanentes y un cuidado minucioso para sostenerla en sus primeras semanas sin su madre. 

La llamamos Chuquiragua y permaneció durante tres meses en la clínica antes de compartir espacio con Sisa. Ese encuentro marcó el inicio de una socialización gradual: primero el reconocimiento cauteloso, luego el juego, las rutinas compartidas y una convivencia cada vez más natural. Hoy, con alrededor de un año, Chuquiragua tiene casi el mismo tamaño que Sisa, es su compañera constante y muestra una personalidad activa y curiosa que evidencia cuánto esfuerzo hubo detrás de su recuperación.

Puya: preocupación por una amenaza latente

El tercer capítulo de esta historia comenzó en septiembre de 2025, cuando se reportó que una manada de perros perseguían a un cachorro de oso andino, cerca del Área de Protección Humedales Cerro Las Puntas, en la zona de influencia del Parque Nacional Cayambe-Coca.

El 24 de septiembre, la cría fue localizada en una vivienda de Ascázubi, Pichincha, donde una familia la mantenía retenida. Tras su rescate, la recibimos con deshidratación, bajo peso, signos neurológicos y severos problemas gástricos derivados de una alimentación inadecuada durante el tiempo que la mantuvieron mascotizada.

Nombrada Puya, su recuperación ha sido una adaptación progresiva, lenta y cuidadosamente observada. Desde enero se inició un proceso de acercamiento con las osas Sisa y Chuquiragua, primero a distancia, luego con contacto visual y olfativo. 

 

Un futuro compartido

Actualmente, las tres oseznas se encuentran en un espacio de 220 m2. Fue construido como un refugio temporal, antes de que lleguen a su hábitat definitivo en el zoológico. Las pequeñas Sisa y Chuquiragua conviven directamente, mientras que Puya mantiene contacto visual y olfativo con ambas, como parte del proceso progresivo de integración social. 

David Mora explicó que formar un grupo social es un proceso gradual; primero, las osas aprenden a reconocerse y a tolerarse, hasta aceptar la presencia de las otras sin reaccionar con miedo, tensión o disputa. 

Se prevé que desde abril las tres oseznas puedan vivir juntas en un hábitat que inició su construcción en junio del año pasado. Este espacio cuenta con condiciones muy similares a los bosques donde crecen los osos de anteojos, con dificultades del entorno andino, con pendientes, con subidas, con estanques para mojarse, refrescarse e hidratarse, con árboles para trepar. 

Coexistencia: el reto fuera del zoológico

Las historias de Sisa, Chuquiragua y Puya comenzaron lejos de sus bosques. Hoy crecen juntas en un entorno diseñado para acompañar su recuperación. Pero sus casos no son episodios aislados. Ocurren en un momento en que la situación del oso andino en Ecuador enfrenta presiones crecientes.

En el marco del Día Internacional para la Protección de los Osos, que se conmemora el 21 de febrero, la Fundación Zoológica del Ecuador ratifica su compromiso con el oso andino como parte de redes nacionales de investigación que analizan la situación de la especie y los desafíos que enfrenta en su hábitat.

Además del rescate y la rehabilitación, la Fundación apoya de forma regular el manejo de osos en situaciones de conflicto, participando en procesos de remoción, translocación, marcaje y rastreo satelital. Desde finales de 2025, junto a la Municipalidad de Quito y la Secretaría de Ambiente, la institución impulsa un proyecto en zonas rurales y áreas protegidas del Distrito Metropolitano para trabajar con familias que realizan actividades productivas en territorios del oso andino, promoviendo mecanismos de coexistencia y prácticas sostenibles. “Es importante, porque es otra forma de asegurar la vida de la gente y la vida de los osos”, señaló Martín Bustamante, director del Zoológico de Quito.

La dimensión del conflicto se refleja en un estudio publicado en 2022, que registró 867 casos de conflicto entre personas y fauna silvestre en Ecuador entre 2000 y 2022. La mayoría se reportó en zonas montañosas, con alta incidencia en Pichincha, Tungurahua, Imbabura, Napo y Morona Santiago, y el oso andino fue el protagonista principal en el 34% de los casos.

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